HABLAR DE ALIX
Aún recuerdo por 1989 cuando por casualidad, cayó en mis manos una revista en blanco y negro, de ella me impactaron sus fotografías de motos. Por aquel entonces, se inauguraba en Valencia una exposición de él a la cual no pude asistir.
Empezaban a aparecer fotos en el País, cuando parecía que el rock había muerto, que Keith Richard era un hortera, en Valencia triunfaba la mescalina y la ruta del bakalao y que las Harley serian sustituidas por motos del espacio, en ese momento, tuve mi primer contacto con la fotografía y fue de la mano de Alix. Me cautivo esa mirada que no tenia censura, directo, sincero, un tío autentico que decía que era fotógrafo.
Actualmente tras un premio nacional de fotografía, exposiciones en medio mundo, es muy complicado hablar de Alix, y más aun sin utilizar su propio vocabulario, sin copiar cada una de todas sus frases, sin apoderarse de sus palabras.
Como el mismo reconoce, sigue la emoción del momento en cada fotografía. Inicia un camino de búsqueda, solo trabaja con su mundo, con su realidad, no le interesan otras realidades. Se ha convertido en un cronista de su época, de sus propias locuras, ha conseguido encontrar en la fotografía, una salvación, una disciplina. Como bien dice, una razón para vivir, para sobrevivir.
Presume de que en sus fotos, sus modelos no sonríen, pero sus instantáneas transmiten siempre, hay heridas, miedo, heroína, miradas, habitaciones vacías y cuando retrata lo hace con la capacidad de enfrentarse a la persona, tiene esa destreza para conseguir que cada fotografía esconda una historia.
En una entrevista del periódico El País , de Rodríguez escribía sobre el: «Para conocer a Alberto García Alix no hace falta leer ningún artículo, no hay que acudir a los tópicos de su voz rota, el cuerpo sembrado de tatuajes y la vieja leyenda de maldito, ni recurrir al cuero negro a las Harley a los escenarios de la movida, decoración que detesta, para conocer a Alberto G. Alix hay que repasar su fotografía.»
Él reconoce que la decepción es parte del juego fotográfico, que hay que tener estilo para hundirse. Admite que si en fotografía un momento se escapa no vuelve, como lleva tatuado en los nudillos » todo » o «nada». Dice que la naturalidad no existe , que ahora, ve donde antes no veía, que la fotografía tiene que tener intención.
Cuando le preguntan que es la fotografía contesta: «Para mi la fotografía es un poderoso médium, nos lleva al otro lado de la vida y allí atrapados, en su mundo de luces y sombras, siendo solo presencia también vivimos, inmutables, sin pensar, redimidos nuestros pecados. Por fin domesticados, congelados.» ( A. G. ALIX .fragmentos)
Para mi la fotografía de Alix es como una cicatriz, para lo bueno o para lo malo, siempre tiene algo que contar, permanece siempre.